Testimonios
Podéis encontrar más testimonios del amor de Dios en nuestra revista Nuevo Pentecostés
12 Febrero 2010
Por Javier Rodríguez de la Comunidade Caná (Galicia)
Me llamo Javier y soy hijo adoptivo del Rey. Lo supe en Marzo de 1.976, cuando conocí la Renovación en Santiago de Compostela.
Mi Padre me quiere y me entiende. Se ha ocupado de mí y de todas mis cosas. Desde 1.985, Él me ha dado una Comunidad : hermanas y hermanos que cuando me miran, hablan y oran conmigo, me riñen o me animan ... me están mostrando el rostro de mi Padre; su presencia y su acción en mi vida.
12 Febrero 2010
Por Mariaje Fdez. Artázcoz
Siempre me han impresionado los testimonios de aquellas personas que han seguido radicalmente al Señor: San Pablo, San Francisco de Asís, Santa Teresa de Jesús...
Y a veces, el Señor nos regala el privilegio de conocer en nuestro caminar a personas que, como ellas, tienen la valentía de responder "sí" con todas las consecuencias y que, para nosotros, son testigos vivos de Jesús Resucitado y de su Evangelio. Una de ellas ha sido, sin duda, Jesusa, de Portugalete (Vizcaya).
12 Febrero 2010
Por Ulpiano. Granada
Yo era una persona que mi religiosidad se encontraba bajo mínimos, algunas veces me había preguntado ¿pero, en que creo yo ya?. Mis entradas en la Iglesia eran por mero cumplimiento.
Hace aproximadamente tres años sufrí una fuerte depresión e intenté quitarme la vida dándome un tiro en el corazón (soy policía nacional). La bala tuvo entrada por la parte superior izquierda del pecho y salida por la espalda pero con tal limpieza que no me dejó secuelas físicas ningunas, pero sí psíquicas. Mi mujer y mis hijos trataban de ayudarme pero yo no terminaba de estar bien. Visité varios psicólogos y psiquiatras, salía aparentemente bien de las consultas, pero la verdad es que no estaba bien.
12 Febrero 2010
Por Diego Carvajal.
Grupo de Fuente Viva. Madrid
Paz y bien. ¡Qué alegría! No os podéis imaginar qué alegría sentimos al saber que un niño estaba viniendo de camino.
Llevábamos tan sólo tres meses casados y mi mujer ya estaba encinta. No nos importaba no tener una casa grande ni no tener un empleo estable. Nos queríamos tanto que sólo pensábamos en poner nuestro amor al servicio de Dios. Si era su voluntad Él nos daría un hijo. Y así fue. Y tal era el convencimiento de que en verdad era un regalo de Dios que, en secreto, se lo consagré a Él con todo el corazón. "Este hijo nuestro es tuyo, Señor”. La alegría por esta noticia se extendió por toda la familia y amigos como una explosión. La vida estaba resultando extremadamente generosa con nosotros y le dábamos gracias a Dios constantemente.
12 Febrero 2010
Testimonio de José Antonio
Tenía un buen empleo, una familia y no me daba cuenta de que cada día necesitaba beber más para desarrollar mi trabajo. Lo que empezó como eso que llaman “bebida social”, terminó haciéndome esclavo de la barra de los bares. Me parecía que si dejaba de beber sería incapaz de hacer las cosas más sencillas, que la vida no tendría ningún sentido y que aquello de tomar copas era parte consustancial a mi existencia.
La convivencia matrimonial se fue deteriorando, no en un día, si no a lo largo de interminables meses; la falta de respeto a la vida familiar, mis continuas discusiones y mis borracheras hacían de mi hogar un verdadero infierno.